El Espectador: Células madre, entre la evidencia y la farsa

El Espectador: Células madre, entre la evidencia y la farsa

Aunque actualmente los únicos tratamientos que están aprobados son con células hematopoyéticas (de la sangre), clínicas y publicidades engañan a las personas promocionando “curas” que no son eficaces ni seguras.

En el cuarto piso del edificio Altos del Bosque, al norte de Bogotá, se encuentran las instalaciones del Cell Regeration Medical Organization, liderado en Colombia por el doctor Felipe Torres. A diferencia del Icdbis, lo que se hace dentro de esas paredes está más cercano a la línea de lo experimental, pero como Torres lo aclara, “basado en evidencia previa”.

El centro ofrece lo que ellos llaman una “mezcla de tres conceptos”: terapia celular, regenerativa y medicina trasnacional, en las que muchas veces se trabaja con células madre. En pocas palabras, hacen alianzas con laboratorios y centros de investigación internacionales y, de alguna manera, replicar procedimientos que han sido exitosos.

Torres, por ejemplo, ya está tratando pacientes con Parkinson con células madre. Pero siempre les explica que se trata de procedimientos experimentales, “off label”, “no aprobados, pero con investigaciones exitosas en otros países”.

“En Colombia mientras el tratamiento no sea parte del Plan de Beneficios es considerado experimental o no aprobado. Elegimos pacientes que no estén dando respuesta a otros tratamientos y les explicamos que esta terapia tiene una evidencia mínima o internacional”, comenta.

Aclara, también, que a diferencia de lo que sucede con otros fármacos, la evidencia más fuerte que suelen tener los tratamientos a la vanguardia con células madre son los estudios de caso o casos clínicos. ¿A qué se refiere? Mientras para probar la eficiencia de una droga para el dolor de cabeza, como el acetaminofén, se usan poblaciones de hasta mil personas, para las patologías que Torres trabaja, y para las que se utilizan las células madre, la cosa es distinta. “Muchos de los pacientes vienen con enfermedades huérfanas, grupos que no representan ni el 6 % de la población mundial, así que hacer estudios clínicos amplios es muy difícil”, comenta. “A veces no hay investigaciones grandes que digan si funciona, pero sí se vienen evidenciando mejorías en la calidad de vida, y cuando el paciente no tiene más que hacer, es una posibilidad grande”.

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